Defender la democracia y la soberanía europea

La defensa del derecho internacional como única soberanía para Europa

El Efecto Mariposa en la Geopolítica

¿Qué tienen en común Groenlandia, Ucrania y el futuro de Europa? A primera vista, parecen realidades inconexas. Sin embargo, la reciente posición de España sobre un asunto territorial aparentemente lejano revela una profunda y ambiciosa visión sobre el papel de Europa en un mundo cada vez más convulso. Lejos de ser un apunte diplomático menor, esta declaración articula una estrategia clara para la supervivencia y el liderazgo del continente, desglosando una hoja de ruta que conecta la defensa de un principio universal con la consecución de una soberanía europea real.

1. La misma vara de medir: De Groenlandia a Ucrania, un solo principio

La visión estratégica parte de un pilar fundamental: la coherencia. Al aplicar los mismos valores de paz y respeto a la soberanía tanto para Dinamarca —un socio europeo— como en conflictos de alta tensión global como los de Ucrania y Gaza, se establece un estándar universal. Esta consistencia es una declaración de intenciones. Busca cimentar un orden internacional basado en reglas predecibles, no en intereses selectivos. Crucialmente, subraya que este principio se aplica “muy especialmente cuando se trata de socios europeos, a los cuales expresamos nuestra solidaridad total”. Esta no es una política exterior abstracta; es una que se ancla primero en los compromisos fundacionales del proyecto europeo para luego proyectarse con credibilidad al resto del mundo.

Los mismos valores de paz y justicia que reclamamos para Ucrania y para Gaza, son los que nos llevan a exigir respeto a la soberanía de un país europeo como Dinamarca.

2. La elección es simple: Derecho internacional o la ley de la selva

Esta adhesión a un principio universal enmarca los conflictos actuales no como disputas aisladas, sino como frentes de una misma lucha global. La disyuntiva define nuestro tiempo y se presenta con una claridad implacable: o un orden multilateral basado en el derecho internacional y la democracia, o un sistema multipolar regido por la fuerza, la arbitrariedad y las esferas de influencia autoritarias. Este encuadre eleva la urgencia del debate. Lo que está en juego no es solo la integridad territorial de un país, sino el modelo de convivencia global que prevalecerá. Cada crisis se convierte en un referéndum sobre el tipo de mundo en el que viviremos.

La alternativa que se plantea en estos momentos es entre Derecho internacional o ley de la selva. Entre autoritarismo y democracia.

3. No solo armas: La urgencia de un “rearme moral”

En un contexto europeo dominado por el debate sobre porcentajes del PIB dedicados a defensa y la capacidad industrial militar, esta visión introduce un concepto contraintuitivo y más profundo: el “rearme moral”. Este análisis reframa la seguridad europea no como una mera capacidad material, sino como un compromiso normativo. Mientras otros discuten las herramientas de la defensa, esta perspectiva se centra en su fundamento: el fortalecimiento activo de la democracia y el derecho internacional. La conexión es directa y existencial. El orden internacional no es una abstracción idealista, sino la base estructural que garantiza la seguridad, la paz y la supervivencia de las democracias europeas. Defenderlo es, en esencia, el acto de autodefensa más fundamental.

Necesitamos un rearme que también sea moral en favor de la democracia y del derecho internacional, que son dos caras de la misma moneda.

4. El siguiente paso: De gigante económico a verdadera soberanía europea

El argumento final es una llamada a la acción estratégica. Para que Europa pueda defender eficazmente el orden internacional del que depende, debe evolucionar de ser una potencia principalmente económica a ejercer una soberanía plena en todos los ámbitos: político, comercial, económico, defensivo y de política exterior. Ante amenazas que desafían la seguridad del continente, las respuestas nacionales son insuficientes. La “única respuesta eficaz y viable” debe ser a escala europea. Esto implica que Europa alce una voz unida no solo en su propio interés, sino en favor del “derecho internacional, de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, de la prohibición de la guerra y de toda violencia”. El objetivo es que se convierta en un actor proactivo y un referente global de los valores que la fundaron.

Es el momento de que Europa se convierta por derecho propio en el referente global de los valores de la democracia, de la justicia social, del multilateralismo y de la paz.

Conclusión: Una Visión para el Futuro

La postura sobre Groenlandia, lejos de ser un hecho aislado, se revela como un manifiesto coherente. Demuestra que la defensa de un principio universal define la naturaleza de la lucha geopolítica actual. Reconocer esa lucha exige una nueva forma de fortaleza —un “rearme moral”— que priorice los valores fundacionales. Y esa fortaleza normativa solo puede proyectarse eficazmente a través de una soberanía europea unificada y completa.

Esta visión concluye que, para Europa, el poder normativo y el poder real no son categorías separadas, sino dos caras de la misma moneda, mutuamente dependientes. En un mundo de gigantes, la verdadera soberanía solo puede ser compartida.

Frente a los desafíos globales actuales, ¿está Europa lista para asumir este rol de liderazgo y convertirse en el baluarte del derecho internacional que el mundo necesita?

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